El Tesoro de EE. UU., con Scott Bessent al frente, duplica las recompras de bonos a largo plazo
Scott Bessent ha activado una de las pocas palancas directas de un secretario del Tesoro cuando no quiere esperar a la Reserva Federal. El 19-20 de agosto, el Tesoro anunció que duplicará sus recompras de Treasuries con vencimientos de 10 a 30 años, hasta un mínimo de 4.000 millones de dólares por operación, frente a los 2.000 millones anteriores. Las sesiones ampliadas se ejecutarán del 9 de septiembre al 4 de noviembre.
El movimiento llega con el 30 años en máximos de 19 años: su rentabilidad había escalado hasta el 5,27%-5,29%. A esos niveles, el coste de financiación empieza a endurecerse para el Gobierno de EE. UU., para las empresas y para los hogares con hipotecas.
Un "twist" a la manera moderna
La maniobra se asemeja a lo que los veteranos del mercado denominan un "twist": el Estado compra deuda de largo plazo para presionar a la baja las rentabilidades largas y, potencialmente, emite más deuda a corto plazo para financiar esas compras. El objetivo es remodelar la curva sin crear dinero nuevo ni coordinarse de forma directa con la Fed.
La reacción inicial del mercado apuntó a cierto efecto. Tras el anuncio, las rentabilidades del tramo largo cayeron aproximadamente 9-10 puntos básicos. El dólar se debilitó. El diferencial entre el Treasury a 30 años y los swaps se estrechó, una señal técnica de alivio en la presión de oferta sobre la deuda larga. Más tarde, las rentabilidades repuntaron.
4.000 millones como parche en un problema de 40 billones
El escepticismo se explica por la magnitud de las cifras. La deuda nacional de EE. UU. supera ya los 40 billones de dólares. El déficit fiscal alcanzó 1,8 billones de dólares en los primeros 10 meses del ejercicio fiscal 2026. En ese contexto, recomprar 4.000 millones por sesión se parece a achicar una piscina con una taza de café.
El plan de Bessent, más allá de las recompras
La ampliación de recompras no llega sola. El 31 de julio, el Tesoro realizó sus primeras compras de yenes estadounidenses en tres décadas. A comienzos de agosto, también aparecieron indicios de que el Tesoro estudia recortar la emisión de deuda a largo plazo, una medida que reforzaría la estrategia al reducir la oferta por dos vías.
Qué debe vigilar el inversor
La evolución del 30 años será el marcador más visible de la estrategia. Si la rentabilidad se asienta claramente por debajo de los máximos recientes y se mantiene así durante la ventana de recompras de septiembre a noviembre, la intervención ganará credibilidad. Si, pese a las recompras ampliadas, vuelve a presionar hacia el 5,3% o más, aumentará la presión sobre el Tesoro para escalar la actuación de forma significativa o cambiar de enfoque.