La inflación mayorista de EE. UU. se modera en junio por el desplome de la energía, pero el alivio podría ser pasajero

La inflación mayorista en Estados Unidos se enfrió con fuerza en junio de 2026. Los precios de producción cayeron un 0,3% mensual, tras haber subido un 1,1% en mayo, según el índice de precios de producción (PPI) publicado el 15 de julio por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). En tasa interanual, el PPI se situó en el 5,5%, por debajo del 6,2% que descontaba el mercado y en su nivel más bajo de los últimos tres meses. El retroceso se explicó casi por completo por la energía. Los precios de la energía para la demanda final se desplomaron un 6,4% mensual. La gasolina bajó un 12,0%, el combustible de aviación cayó un 17,2% y el diésel retrocedió un 18,0%. Bajo la superficie, las presiones siguen presentes. El PPI subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó un 0,1% mensual, señal de que el alivio no provino de una desaceleración generalizada de los costes de los productores. El mercado asume que la debilidad vinculada a la energía puede ser temporal. Los precios energéticos están muy condicionados por el entorno geopolítico, incluidas decisiones de oferta en grandes regiones productoras y tensiones que, de forma recurrente, sacuden a este mercado. Qué mira la Fed y por qué importa para las criptomonedas Una Reserva Federal (Fed) más dovish, o incluso una expectativa creíble de giro, suele favorecer el apetito por el riesgo. Bitcoin y Ethereum tienden a reaccionar con intensidad al entorno de tipos. Si se percibe que los costes de financiación pueden bajar, cae el coste de oportunidad de mantener activos sin rendimiento o más volátiles. La cadena de transmisión que siguen muchos inversores es clara: menores costes de producción acabarían trasladándose a precios al consumo más moderados; eso daría margen a la Fed para recortar tipos; caerían los rendimientos reales; y Bitcoin ganaría atractivo frente a mantener efectivo o letras del Tesoro a corto plazo. El riesgo: que sea un espejismo La energía es una de las variables más impredecibles en cualquier modelo de inflación. El desplome del diésel y del combustible de aviación que impulsó el dato de junio corresponde justo a categorías expuestas a interrupciones de suministro, repuntes geopolíticos o recortes inesperados de producción. Aunque la lectura interanual del PPI (5,5%) quedó muy por debajo del 6,2% previsto, la mejora se apoyó casi íntegramente en precios energéticos volátiles y con fuerte componente geopolítico. La clave será seguir la tendencia subyacente, el tono de la Fed y si la energía devuelve parte de las caídas de junio antes de interpretar el dato como el inicio de un descenso duradero.