El 42,5% del "hash rate" de Bitcoin se concentra en EE. UU. y crece el debate sobre el control de los "pools"

Huo Xing Finance informó el 14 de junio de que, pese a que el diseño de Bitcoin prioriza la descentralización y la resistencia a la censura, alrededor del 42,5% de la potencia de cómputo global ("hash rate") ya se concentra en Estados Unidos, reactivando el debate sobre la solidez de esa resistencia. Según los datos, las mineras cotizadas en EE. UU. representan aproximadamente el 31,5% del "hash rate" mundial, y algunas estimaciones elevan su influencia real por encima de ese nivel. En paralelo, "pools" como Foundry USA llevan tiempo liderando la cuota de mercado, hasta el punto de que en determinados momentos un solo "pool" llegó a rozar un tercio del total. Analistas señalan que el riesgo principal no es solo la "concentración geográfica", sino la concentración del poder en los "pools" de minería, que controlan funciones clave como el empaquetado de transacciones y la generación de plantillas de bloque. En la actualidad, los principales "pools" acumulan en conjunto más de dos tercios del "hash rate", lo que implica una elevada centralización en la selección de transacciones. Tras las prohibiciones globales a la minería en 2021, la red mostró una fuerte capacidad de adaptación: el "hash rate" global se recuperó con rapidez y, después de un descenso de corto plazo, se desplazó hacia EE. UU., Canadá y otras regiones, sin daños duraderos para la seguridad de la red. Los analistas subrayan que la posibilidad de que los mineros cambien de "pool" con facilidad, la movilidad transfronteriza del hardware y los incentivos de comisiones por transacción dificultan que una "censura sistémica" se mantenga en el tiempo. En el plano técnico, protocolos como Stratum V2 se consideran una vía para reducir el control de los "pools" sobre la selección de transacciones y avanzar en la descentralización de la gobernanza. En este contexto, la descentralización de Bitcoin debe evaluarse de forma integral —incluyendo el control de los "pools", los incentivos y la distribución energética— y no solo a partir de métricas geográficas. La cuota del 42,5% atribuida a EE. UU. se interpreta más como un indicador de tendencia que como una conclusión definitiva.