El Parlamento Europeo avala el marco del euro digital y apunta a un lanzamiento en 2029
La Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo aprobó su posición sobre el paquete legislativo del euro digital con 43 votos a favor y 14 en contra. El resultado activa la siguiente fase del proceso: las negociaciones formales entre el Parlamento y el Consejo de la UE, un paso clave en el camino de la eurozona hacia su primera moneda digital de banco central.
El eurodiputado Fernando Navarrete Rojas afirmó que el texto "protege la libertad de los ciudadanos para elegir su método de pago" y recalcó que el euro digital "complementará el efectivo, pero nunca lo sustituirá". El Banco Central Europeo mantiene como referencia un posible estreno en 2029, aunque todavía quedan por cerrar hitos legislativos y técnicos.
Privacidad por defecto y pagos sin conexión
Según el borrador aprobado, el euro digital sería emitido por el BCE y podría utilizarse tanto online como offline. Los pagos en línea se canalizarían a través de intermediarios de pago, mientras que los pagos sin conexión se apoyarían en el almacenamiento local en el dispositivo del usuario, con un funcionamiento similar al del efectivo.
Ese diseño implica un riesgo: si el usuario pierde el dispositivo que contiene euros digitales en modo offline, los fondos también podrían perderse sin compensación. El texto incorpora, además, "privacidad por defecto" mediante tecnología de pruebas de conocimiento cero (zeroknowledge proof), que permitiría validar transacciones sin revelar datos personales. La propuesta establece que el BCE no tendría acceso a la información de identificación personal de los usuarios.
Este enfoque responde a una de las principales críticas formuladas por defensores del sector cripto, organizaciones de privacidad y responsables políticos, que advierten del riesgo de que una CBDC se convierta en una herramienta de vigilancia financiera.
Para preservar la estabilidad financiera, se introducirían límites de tenencia en los saldos de euro digital. Los fijaría la Comisión Europea a partir de recomendaciones del BCE. Los saldos no devengarían intereses. Las empresas solo podrían mantener euros digitales de forma temporal, durante un máximo de 24 horas, para el cobro de pagos entrantes.
En general, los comercios estarían obligados a aceptar la nueva moneda, con excepciones para pequeñas empresas y trabajadores autónomos que no acepten pagos digitales. Para el usuario, los servicios básicos y las transacciones offline seguirían siendo gratuitos.
Hoja de ruta hacia 2029 bajo presión de las stablecoins
Antes del lanzamiento, el BCE debe aprobar estándares técnicos, realizar pruebas piloto y tejer acuerdos con proveedores de pagos. Una vez adoptada la ley definitiva, el proyecto entraría en un periodo de implantación de al menos dos años.
El miembro del Comité Ejecutivo del BCE Piero Cipollone detalló en febrero un calendario más concreto: se prevé que la regulación sea adoptada en 2026, seguida de un programa piloto de 12 meses en la segunda mitad de 2027 con un número limitado de participantes. El despliegue completo podría llegar en 2029. Bancos, proveedores de pago, criptoempresas reguladas, oficinas de correos y entidades de dinero electrónico de la eurozona podrían distribuir el euro digital.
Las iniciativas privadas se adelantan
Mientras el proyecto del BCE avanza por el carril legislativo, las stablecoins privadas vinculadas al euro ganan tracción. El consorcio bancario europeo Qivalis se ha ampliado hasta 37 miembros tras la incorporación de 25 nuevos bancos de 15 países. Entre los nuevos participantes figuran ABN AMRO, Rabobank, Nordea e Intesa Sanpaolo. El grupo, con sede en Ámsterdam, planea lanzar una stablecoin regulada vinculada al euro ya en la segunda mitad de 2026.
España lidera la adopción minorista temprana de EURC, la stablecoin de Circle, según datos recientes de Brighty. La presión competitiva es evidente. Las stablecoins denominadas en dólares continúan dominando el mercado y concentran aproximadamente el 98% de la actividad global del segmento, lo que ha llevado a instituciones europeas a buscar alternativas digitales basadas en el euro con mayor solidez.
El gobernador del Banco de Italia, Fabio Panetta, defendió el año pasado que la regulación por sí sola no bastará para contrarrestar el mercado cripto. A su juicio, Europa también necesita un euro digital que ofrezca una comodidad comparable y cuente con garantías respaldadas por el Estado.
Rojas sostuvo que las vías pública y privada no deben interpretarse como competidoras: "Necesitamos que el euro digital y las soluciones privadas de pago trabajen juntas".
Aun con el avance en comisión, el proceso no está cerrado. Quedan por delante las negociaciones interinstitucionales, una votación final en el pleno del Parlamento Europeo y la aprobación del Consejo de la UE. Si el calendario se mantiene, 2029 sigue siendo un objetivo viable para lanzar la primera CBDC de la eurozona para unos 350 millones de residentes.
El reto más complejo puede ser el uso, no la tecnología
La experiencia internacional sugiere que la adopción masiva no está garantizada. El piloto del eCNY de China, iniciado en 2019, alcanzó a millones de usuarios, pero siguió encontrando obstáculos para generalizar su uso. La conclusión para Europa es directa: diseñar una CBDC es una cosa; lograr que la gente la utilice, otra.
Las protecciones de privacidad y los límites de tenencia pueden aliviar parte de las inquietudes, pero también abren nuevas preguntas. Las carteras offline harían los pagos más resilientes, aunque trasladan a un sistema basado en el móvil riesgos de pérdida propios del efectivo, sin haber sido probados a gran escala.
Por eso cobra relevancia el auge de proyectos privados de stablecoins en euros. Mientras el euro digital recorre un largo camino político, el mercado ya está explorando alternativas más rápidas. Cuando el BCE esté listo para el lanzamiento, la cuestión de fondo podría ser si consumidores y empresas siguen necesitando un euro digital público o si sus hábitos de pago ya han migrado hacia otras opciones.